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Ya estamos en el ecuador del verano, estrenamos nuevo mes y a la vez, aquí llega el nuevo wallpaper viajero.
La foto del wallpaper de este mes corresponde a la silueta de unos dromedarios que nos encontramos un atardecer llegando al pueblo marroquí de Ait Benhaddou. Es cierto que no es recomendable viajar a Marruecos ni a cualquier otra tierra africana en verano debido a sus altas temperaturas, pero al elegir la imagen que representara este mes, buscaba algo cálido, con colores agradables. Y fue esta la que me vino a la cabeza.
Por cierto, los dromedarios ¿tienen una joroba o dos? Podéis descargaros esta imagen y ponerla en vuestra pantalla del ordenador durante agosto mientras pensáis la respuesta.
Me imagino que muchos de vosotros aprovecharéis este mes para iros de vacaciones de modo que os deseo ¡buen viaje!
Recordad que si queréis recibir el wallpaper viajero cada mes en vuestra bandeja de correo electrónico, tan solo tenéis que enviar un email a info@ainaragarcia.com
Erg Chigaga, es uno de los desiertos de Marruecos que se ubica al sur del país, considerado como una de las puertas del Sahara. A diferencia de su vecino Erg Chebbi en Merzouga, Erg Chigaga es un desierto menos conocido y mucho menos turístico, de modo que puede ser una buena opción si queremos sentir más ese contacto con la naturaleza de estos mares de arena.
Canon 40D; 1/80 seg.; f/8; ISO 100
Contratamos a “Moha”, un guía por 350 dirham por persona (unos 35€), y el precio incluye transporte, noche en haima, comida, cena y desayuno.
El desierto de Erg Chigaga es el segundo desierto marroquí después de Erg Chebbi, que se ubica al sur del pais junto a la frontera de Argelia. Sus dunas no son tan conociadas como las de Erg Chebbi, pero es un destino recomendable para los que prefieran evitar masas turísticas, probar suerte en buscar fósiles y tomarse un buen té de menta al anochecer.
Aunque es el destino que muestro en el wallpaper de agosto, lo más recomendable es visitarlo en primavera, ya que en verano el mercurio alcanza temperaturas como hasta 56ºC.
Han sido muchas las personas que me han preguntado sobre la localización de esta carretera no apta para mareos. Pues bien, en este post os facilitaré algunos datos que quizas alguno se plantée visitarlo en persona por estar situado en un pais vecino y sobre todo por ser un destino de bajo coste.
Ni las revistas, ni los libros de viaje se equivocaban al escribir sobre el Djemaa El Fna. Un lugar donde te puedes encontrar de todo, empezando desde la música de los encantadores de serpientes, hasta un anciano sacamuelas, donde salta a la vista que en Marrakech, pocos empastes se hacen.
La primera vez que fuimos, la quisimos retratar al atardecer, y para ello buscamos la terraza con las mejores vistas del Djemma El Fna. Hay muchísimos restaurantes, de modo que no fue difícil encontrar uno. Pedimos permiso en uno que se llama “Terrase Panoramique”, es uno de los que más altura tiene y se puede ver toda la plaza desde allí. Vimos a los turistas en la terraza haciendo fotos con el móvil, cámaras compactas, incluso había quienes estaban haciendo fotos con cámaras réflex. Este fue el detonante de nuestra elección, de modo que pedimos permiso para hacer fotos y no nos pusieron ninguna pega. Además, era un buen sitio para cenar y pensamos quedarnos ahí seguramente. Pedimos unas Coca Colas y sacamos la cámara de la mochila.
La cosa cambió cuando montamos el trípode. La misma persona que nos dio permiso diciendo “no problema amigo”, nos hizo pagar 100 dirham por cabeza (unos 10€ cada uno), por hacer la foto con trípode. Todo esto porque este señor, asociaba trípode con fotógrafo profesional (cosa que no tiene nada que ver), profesional con vender fotos (como si fuera así de fácil) y por esta razón, o pagábamos, o guardabamos la cámara. Lo que más rabia me dió, es que en la misma terraza, había gente con las mismas cámaras, incluso mejores que las nuestras, y a ellos no se les dijo nada. No nos quedó otra que pagar, pero decepcionados por este cambio de actitud repentino, finalmente optamos por no quedarnos a cenar.
Canon 40D; 2,5 seg.; f/13; ISO 100
Ya de noche, bajamos a la plaza, donde hay un montón de puestos de comida al aire libre y el regateo es la guinda del pastel. Es muy divertido ver cómo se las apañan para convencerte y quedarte a cenar en su puesto: que si uno te da de comer más barato, que si el otro te regala el té…
En resumen, no hay mal que por bien no venga, y si el señor de la “Terrase Panoramique” no llega a ponerse tonto, nos perderíamos la cena en el auténtico ambiente del Djemaa El Fna, la única noche que pasamos en Marrakech.
Sea cual sea la situación, creo que las fotografías más bonitas se obtienen cuando estamos completamente aburridos y empezamos a trastear con la cámara.
Es el caso de la siguiente fotografía, realizada en el viaje que hicimos al sur de Marruecos. Después de comer un riquísimo tajine, el sueño se apoderó de mis compañeros, y no pudieron evitar echarse la siesta en este lugar tan acogedor, donde la única luz que había, era una luz tenue que cruzaba las ventanas con cristales de colores. Mientras bebía el té a sorbitos, empecé a jugar con el “Live View”, probando encuadres con la cámara apoyada en la mesa. Fotografié planos generales del comedor, pero faltaba algo, faltaba la esencia del lugar. Durante unos segundos, me quedé pensando hasta que me dí cuenta que lo que faltaba en el encuadre, lo tenía delante de los morros: ¡el té!