Ondarreta, la otra playa

Desde hace décadas, prácticamente casi todo el protagonismo de Donostia se lo ha llevado la prestigiosa playa de la Concha. Preguntes a quien preguntes, si conoce San Sebastián, antes o después te mencionará la playa de la Concha. Me habló de ella hasta el mismísimo Santa Claus. Pero la ciudad esconde otra perla pegada a ella, con un paisaje no menos espectacular: la playa de Ondarreta.

 

Playa de Ondarreta

 

La tranquilidad de la playa de Ondarreta

 

Después de hacer un par de fotos en una rueda de prensa que me tocaba cubrir para el periódico, cogí el bocata de tortilla de jamón que me había preparado mi madre y caminé hasta los jardines de Ondarreta, justo en frente de la playa.

 

Playa de Ondarreta

 

Mientras miles de personas ultimaban sus compras para regalar en reyes en las tiendas del centro, otras pocas disfrutaban de la tranquilidad que se percibía aquella tarde en la playa de Ondarreta: el jubilado trazando su habitual paseo, una pareja de enamorados fotografiándose selfies, una mujer invadida por sus pensamientos mientras pasea a su perro en la orilla del mar, algún turista perdido… y yo. Bueno, yo y los treinta y pico gorriones que no paraban de acosarme desde que desenvolví el bocadillo.

 

A photo posted by Ainara Garcia (@ainaraga) on

 

Hacía tiempo que no me tomaba toda una tarde para estar, dejar pasar el tiempo y disfrutar de ello. Estos últimos meses entre los cursos de fotografía, los emails sobre futuros proyectos y la pérdida de Xuri, no he tenido tiempo para parar y disfrutar de la tranquilidad. Y sí, no lo he dicho hasta ahora, pero el pasado 27 de Noviembre nuestro pequeño zorrito polar se fue al cielo… 🙁

 

Cuando terminé de comer el bocata, hacía sol y bastante buena temperatura para ser invierno, así que decidí quedarme un rato más leyendo Los Pilares de la Tierra en mi Kindle (lo compré por 3,79€ en Amazon, ofertón), el libro del que todo el mundo me ha hablado maravillas. Aún voy por el tercer capítulo, pero la cosa pinta bien y estoy empezando a engancharme.

 

La hora del paseo en la playa de Ondarreta

 

El sol estaba a punto de esconderse, y la tranquilidad que reinaba hasta entonces fue interrumpida por decenas de perros que llegaban a la playa en su hora del paseo. Uno corrió más rápido que nadie para pegarse un chapuzón en el agua, el otro intentaba coger un palo que era más grande que él, y había un caniche que se estaba haciendo el pobrecito buscando cobijo en su dueña con la presencia de un bóxer que era como 10 veces más grande que él.

 

Playa de Ondarreta

 

Anochecer en la playa de Ondarreta

 

Y de pronto, el sol se escondió. Abrí el trípode y empecé a pensar la composición. La marea estaba bajando y la humedad que cubría la orilla hacía de espejo con la isla Santa Clara y el Monte Urgull.

 

Playa de Ondarreta

 

Cada vez estaba más oscuro, y la luna intentaba escapar de entre las nubes.

 

Playa de Ondarreta

 

Se encendieron las luces de la ciudad, iluminando la Bahía de La Concha como si de cientos de focos de cine se trataran. Estaba haciendo exposiciones de 4 segundos en mi cámara, pero en el encuadre faltaba algo. Ví como un señor venía caminando a lo lejos, y fue entonces cuando previsualicé la foto. “Si no para, saldrá borroso” pensé. Sorprendentemente, y como si hubiera escuchado mis pensamientos, de pronto el señor hizo una pausa para mirar durante un rato el precioso paisaje de la costa donostiarra. No sé cómo lo hizo, pero ¡justo paró en el mejor lugar del encuadre! Deseé con todas mis fuerzas que por favor, no se moviera en los 4 segundos que tardaría mi cámara en hacer la foto, por favor, por favor… y efectivamente, no se movió en los siguientes 10 segundos aproximadamente. Tan solo me dio tiempo a hacer una foto, pero fue suficiente porque era esa la que quería hacer.

 

Playa de Ondarreta

 

Ahora veo las fotos desde casa, y pienso en aquel señor, en lo que le hizo parar en aquel preciso momento, justo en aquel lugar. Posiblemente entre sus pensamientos también pasó que Ondarreta, guarda estas espectaculares vistas tan solo para premiar a aquellas personas que se animan a descubrir la auténtica Donostia, cruzando la frontera de la playa de la Concha.

 

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